Por Barnaby

Creo que Mirror’s Edge podría ser el primer juego en acuñar el término “antihype”. Que vendría siendo lo que el Anticristo a Cristo, el antipasto a la pasta, o el Superman del Mundo Bizarro para Clark Kent. En el mundo de los jueguicos, sería lo que Molyneux es a Hideo Kojima.

Desde las primeras imagenes e información (soltada con cuentagotas) que pudimos ver de este juego, todo el mundo se hypeó hasta límites insospechados. Yo el primero, ojo. El juego lucía realmente bien, gráficamente era la hostia en verso (ese motor de radiosidad en ZOMFG tiempo real), y suponía un soplo de aire fresco en un panorama viciado de repetir fórmulas y conceptos, aportando novedades por todas partes.

Pero, al parecer, al hype le pasa lo mismo que a las modas: en cuanto a todo le mundo le gusta algo, empieza a ser unánimemente considerado como no-tan-molón.

Mucha gente empezó a decir que no era para tanto, que era lineal, corto y repetitivo, etc. No seré yo quien les quite la razón.

Sereis vosotros.

Porque, sí, amigos, el seis del mes que viene (una semana antes de Wrath of the Lich King, menos mal) se lanzará la demo de este juego. Demo que por fin disipará las dudas, o tornará aún más oscuros los nubarrones que algunos han hecho crecer sobre el jueguico.

Como siempre, la elección es del público.

Anuncios